Crónica: A 500 años de aquella fecha

Enviado el 26/03/2019 por en Política

El presidente López Obrador acudió al puerto acompañado de su esposa, la escritora Beatriz Rodríguez Müller

Luis Enrique Martínez
Rumbo Nuevo
La voz del presidente Andrés Manuel López Obrador volvió a calar hondo en el ánimo del paisanaje. En esta ocasión, lo hizo por dos cuestiones trascendentales para la historia de México y, la familiar del mandatario: los 500 años de “la invasión” hispana y que en el puerto de Frontera, Centla, “nació Manuelita (Obrador)”, la esposa de don Andrés López.
A unos cuantos metros de la desembocadura por donde diversos historiadores coinciden que incursionó el ejército invasor al mando de Hernán Cortés, López Obrador pronunció un discurso de 21 minutos —de los más breves en Tabasco y el segundo más corto después del emitido en la inauguración del estadio de beisbol “Alfredo Harp Helú”, en la ciudad de México–, porque, aclaró, previamente la escritora Beatriz Rodríguez Muller había leído una reseña histórica de la Batalla de Cintla, ocurrida, probablemente, un 25 de marzo de 1519.
Un espejo luminoso en medio de las olas del mar enceguecía a la concurrencia: Campesinos, obreros, empresarios, autoridades civiles y militares; religiosos como el sacerdote católico Avelino Cortés Téllez, que bajo un toldo de 70 por 50 metros soportaron el inclemente sol, cuya presencia apenas disminuía con la brisa del litoral.
Parvadas de pelicanos —a veces, en solitario, parecían verdaderos drones…—, surcaban el infinito, mientras por la carretera de arena de la colonia El Bosque, con acceso a la costa tabasqueña, llegaban a pie o en vehículos compactos, vecinos y la clase política del estado. Unos, desaliñados, otros, enguayaberados. Todos pasaron la espera, animados por la música tabasqueña proveniente del equipo de sonido.
La excepción a la otrora regla de seguridad, fue un piquete de marinos que llegaron con el uniforme albo que hizo famoso a Popeye. De ahí en fuera, la seguridad estaba a cargo de civiles. Por las vallas metálicas que suelen separar a la prensa (los corralitos), políticos y funcionarios públicos, además de la ciudadanía, acaso apareció un policía municipal. Cuando hizo acto de presencia para ordenar el estacionamiento de vehículos, una joven le tiró la unidad.
Conforme el número de personas aumentaba, también aparecieron pancartas, cartulinas rotuladas y, en las manos del paisanaje, carpetas o hojas tamaño carta con una y mil peticiones al presidente. “AMLO Centla te ama”, se leía en una. Otra: “Los pescadores queremos que se queden las escolleras…” En medio de la multitud, una mujer desesperada indagaba cómo entregarle una carta al presidente.
En esa expectativa estaba la mayoría cuando a las 14 horas apareció la acostumbradas falsas alarmas que aparecen cuando la espera desespera. A quienes no incomodó la demora fue a funcionarios como el magistrado Enrique Priego Oropeza que en una esquina cercana al podium, platicó largo y tendido con el diputado Tomás Brito Lara. Lo mismo hizo el empresario Ignacio Cobos González, desde su lugar en primera fila. A unos metros de donde estaba el secretario de Gobierno, Marcos Rosendo Medina Filigrana.

No a la contradicción
A las 16: 28 horas, apareció por el acceso izquierdo al improvisado auditorio, el presidente López Obrador. En medio de la algarabía del auditorio, subió al estrado antes que el gobernador Adán Augusto López Hernández, quien fue el primer orador del evento.
“A unos cuantos metros de aquí, hace 500 años la población indígena maya chontal defendió con mucha dignidad a México. No fue triunfo ni derrota como se dice en la Plaza de Las Tres Culturas. Ni tampoco conquista sino una fusión dolorosa”, planteó el mandatario estatal.
Segundos después, tomó la palabra la también poetiza Beatriz Rodríguez Miuller para hacer una apretada reseña histórica de la Batalla de Cintla, citando a varios autores hispanos y mexicanos.
Relató que con 400 soldados, Hernán Cortés venció al ejército de nativos conformado en nueve columnas de cinco mil hombres cada una. Luego del enfrentamiento, el invasor acordó la paz y, de inmediato, fundó la primera población hispana “en América continental bajo el nombre de Santa María de la Victoria” el 25 de marzo de 1519.
A 500 años de aquella fecha emblemática, los herederos de aquellos guerreros nativos siguieron la narración de la esposa del presidente López Obrador, a través de dos grandes pantallas instaladas a mitad del auditorio. El murmullo de risas por la animación del vídeo, desconcertó a quienes estaban adelante pero no al mandatario nacional quien nunca despegó la mirada de la ponente, enfundada está en un pantalón negro y blusa holgada de color verde.
En la revisión de la historia, por supuesto que los presentes no estaban ataviados “con penachos, sus cuerpos totalmente pintados de negro, blanco, amarillo, verde, rojos, o envinados de achiote” como sus ancentros hace 500 años. Tampoco portaban “rodelas, hondas, flechas, cachiporras, pinchas o macanas” para enfrentar al ejército que llegó a “los palmares” siguiendo la huella de Grijalva con “armas de fuego, cañones y caballos…”
Mucho menos, tocaron “caracoles, chirimías, conchas de tortugas percutidas con astas de venado” como cuando los mayas chontales de aquella época intentaron cohibir al conquistador, pero sí ovacionaron y festejaron la intervención de López Obrador, quien luego de checar su reloj de pulsera, anunció que sería breve: “Se dice que lo breve es mejor y bueno”.
Cumplió. Al momento que las palmas festejaban el refrendó de que “la hora del sureste llegó porque por bendición el presidente de México es de estas tierras bajas”, volvió a checar el reloj. De inmediato, bromeó: “Ya me estoy picando pero si le sigo voy a parecer contradictorio”
A partir de ese instante se escuchó los vivas a Tabasco y México antes que, de pie, todos entonaran el himno nacional.’

Tags: