Crónica del domingo. Damnificados ingratos

Enviado el 18/01/2021 por en Política

Luis Enrique Martínez
Rumbo Nuevo
Pintas y repintas dejan al cambio climático se cumpla o no la ancentral creencia de cada inicio de año al tiempo de develar una humillante realidad: en cualquier lugar del estado, zona metropolitana, urbana, suburbana o rural la venta de enceres domésticos es la botana que descalifica a los damnificados de las inundaciones de noviembre de 2020.

La denuncia se escucha en restaurantes, cantinas y en oficinas públicas. Así también, el regateo de estufas, refrigeradores y electrodomésticos es parte de la conversación entre familias y amigos que, además, contra lo dispuesto por la emergencia sanitaria, coinciden, organizan reuniones de fin de semana.

Mientras tanto, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Marina, continúan en la distribución de la ayuda del Gobierno de México para resarcir los daños ocasionados por las inundaciones a más de 255 mil viviendas en la mayoría de los 17 municipios de Tabasco. Una labor cuya primer etapa concluirá en marzo.

De aquellas imágenes de llanto, de aquellas palabras de agradecimiento al presidente Andrés Manuel López Obrador que conmovieron a los usuarios de las redes sociales, la población difunde ahora la ingratitud de un sector de los damnificados por vender al mejor postor cualquiera o todo el paquete solidario de la hacienda pública. Esto es del dinero de todos.

Esas denuncias veladas o comentadas bajo el influjo de la mexicana alegría o como cotilleo comunitario, revelan que no todos los censados por las autoridades perdieron lo que dijeron que perdieron en la inundación o, tal vez, que no tenían lo que dijeron que tenían o, puede ser, que la precariedad económica no les deja otra opción de sobrevivencia que desprenderse del apoyo del Gobierno Federal.

Sea como sea, la venta de refrigeradores, estufas, ventiladores y demás enseres, está a la vista de todos. Nada de lo oscurito, nada. Todo se hace normal entre lo normal a los ojos de vecinos, amigos y familiares. «No, pides mucho. Pancho me da el paquete en tres mil pesos…»

Y así por el estilo llegan las voces ciudadanas con la ira por la ingratitud de los damnificados: «Se fue al agua pero logró desocupar la casa»; «Le dio tiempo para subir sus cosas»; «No perdió nada porque no tenía nada…»; «Lo peor es que malvenden todo…»

Por supuesto, no todos caen en el error de no vender la ayuda oficial (vivir fuera del presupuesto es un error…). Quienes lo hacen, aprovechan la oportunidad. Ya tienen callos, lo hacen en cada contingencia. Se apuntan, reclaman, salen a la calle a exigir ayuda del gobierno. Así lo hicieron en 2007,así lo hicieron en octubre, noviembre y diciembre del año de la calamidad.

En los días cruciales de las tremendas y prolongadas lluvias de 2020, en vehículos compactos hombres y mujeres visitaban y organizaban correligionarios del PRI o PRD para convertirlos en damnificados. Asaltaban planteles escolares para evadir los albergues oficiales. Aquí en Rumbo Nuevo se denunció ese desplazamiento en grupos o personal de los piratas de la inundación. Y cuando se les descubrió, argumentaron que no habían sido censados…

Con los primeros días de enero, la época de la pinta y repinta de bisabuelos, abuelos y padres, la realidad salta a la vista no obstante los frentes fríos: decenas, cientos, ¿miles?, de presuntos damnificados están vendiendo parte o todo lo que el presidente López Obrador dispuso para hacer olvidar la inundación en el año del covid19.

«N’hombre, en mi pueblo venden estufa y refrigerador con mil pesos a la mano», relata una parroquiana de El Submarino.

Y ni quien frene la versión 2021 de venta nocturna. ¿Habrá otra inundación? Hmmm, puede que se queden esperando…

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