Crónica. «Esto está muy feo…»

Enviado el 07/07/2020 por en Política

Luis Enrique Martínez
Rumbo Nuevo
A la hora del rancho, no hay poder humano que se imponga. Suspendida las actividades, se forma el círculo. El reverso de latas; blocs o tablas sobrepuestas en ladrillos, son las sillas improvisadas. Cada uno de los contertulios expone las viadas personales. Comienza el deguste y la plática brota natural sin reglas de urbanidad. Y cuando termina el refrigerio, vuelve la normalidad laboral exhibiendo al gremio de alarifes sin cubrebocas. Pelones.

No obstante la pandemia del Covid 19, la industria de la construcción tiene vida propia. En diversas partes de Villahermosa, se sabe de algunas obras clausuradas por el plástico en color ladrillo y negro que expresa la suspensión por el ayuntamiento de Centro. Hay quienes se pasan de listo y violan la norma. Igual que hacen con la disposición sanitaria configurando a la albañilería en una cepa del coronavirus.

Un ejemplo: en menos de 500 metros lineales de la calle José Moreno Irabién, colonia Primero de Mayo, hay tres obras en construcción. En cada una de ellas, a pesar del inclemente sol y las temperaturas al alza, laboran un promedio de 10 trabajadores. No solamente a la hora del desayuno compartido sino durante la jornada diaria, la indulgencia aflora a todo esplendor. Todo se hace a la antigua normalidad, cuando la pandemia no aparecía.

Hay otras obras donde la responsabilidad sanitaria desataca: en la remodelación del Estadio Olímpico, cuadrillas de trabajadores –alrededor de 50 entre arquitectos, ingenieros, maestros de obra y albañiles–, se distinguen por llevar la mascarilla en una variedad de colores y calidad. Dos jóvenes ingenieras, por ejemplo, a veces lucen caretas de acrílico. El espejo es grato. De reconciliación humanitaria.

«Esto está muy feo», comenta un funcionario medio de la Secretaría de Educación al informar a sus colaboradores la decisión superior de mantener las actividades por guardias, en labores escalonadas y, entre otras cosas, la suspensión temporal de la rehabilitación física de la oficina ubicada por el acceso a la institución de Paseo Usumacinta. «Hay que estar pendiente al teléfono celular», recomienda.

Este mensaje va con la Nueva Normalidad establecida por la administración estatal para contribuir a la disminución de la pandemia en Tabasco. Ese mensaje es el que no tienen los obreros de la industria de la construcción porque hasta los responsables de las obras citadas, también llegan a supervisar avances sin el barbijo declarado como de uso obligatorio. ¿La albañilería goza de inmunidad?

No es el único gremio que rompe con la disposición sanitaria. En las gasolinerías, los operadores de las máquinas ni señas en el cuello o en las manos de cubrebocas. Uno de esos locales está en la colonia 18 de Marzo, en la zona comercial ubicada frente a la Escuela Técnica Secundaria No. 11. A la lista negra, se suman algunos taxistas.

Seguramente, en las pláticas durante el rancho, siempre aparecerá el tema del covid19. Con desparpajo se habla y se habla hasta se comparten bebidas a boca de botella o en los mismos vasos. No hay temor a nada ni cuando pasa el voceador de periódicos –ya en peligro de extinción, por cierto–, enseñando las ocho columnas que desde marzo no dejan de pertenecerle al indicador progresivo del patógeno que tiene a la humanidad desconcertada.

Lo peor es que no se sabe hasta cuando seguirá así. O si el comportamiento del gremio de albañiles sea una señal de que el covid19, siempre si está cediendo.

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