José María Bastar Sasso

Enviado el 14/03/2019 por en Ciudad

Hablar de mi padre, es hablar de mi maestro, de mi guía, del eje protector de la familia, siempre pendiente de su madre , de sus hermanas; bondad, ternura y cariño para su esposa y sus hijos, mano franca a sus amigos. Congruencia y lealtad a sus convicciones. José María Bastar Sasso fue y Es una gloria de Tabasco y de México, ejemplo de hombría de bien, rectitud y honestidad inmaculada para sus hijos y conciudadanos, nos heredó además su entrañable amor a esta tierra a la que cantó con inspiración y talento inigualables.

Por Ferdusi Bastar Mérito
Rumbo Nuevo
Es hablar del hombre de ideas radicales irreductibles, que primero participó en la revolución con las armas, y el grado de teniente, para después hacerlo con su pluma como permanente defensor del proletariado y combatiente del imperialismo.
Es hablar del hombre que transitó por todos los caminos del intelecto, y haciéndolo con paso de maestro, dejando siempre su huella, en sus versos, en sus novelas, en sus obras teatrales y sainetes, en sus ensayos, en sus trabajos históricos y en el ejercicio de un periodismo limpio, de guerra y garra, con el que nutrió a varias generaciones en diversas partes del país.
Es hablar del poeta de los sonetos clásicos, premiados en España, del romántico, eterno enamorado de la mujer: “La lluvia con su cántiga doliente, llora el destino de nosotros dos, dos lotos que separa la corriente y que se alejan sin decirse adiós” “Por eso es que en la gótica arquería, de la vetusta población que duerme, cuento las horas de mi noche triste, por ver si sales otra vez a verme”, “Se fue alejando por la gris calleja, como se pierde el eco de una queja, lejos, la brisa agita su melena, como un adiós…y a la hora del tramonto, la tarde se mezclaba con mi pena.”
Es hablar del poeta erótico “Pero en cambio si prefieres, al amor, cruentos placeres, soy panida empedernido, cuanto más envejecido, voy buscando en las mujeres, pubertad, carne y olvido”, o de los epigramas, “Don Rosendo era pintor, y una viuda cierto día, le pidió una alegoría, que plasmara su dolor, y con la intención más sana, Don Rosendo hizo el trabajo. Dibujando una campana, sin badajo” o el paisajista “Y es Puerto Ceiba una apoteosis mustia, freo, entre palmas de amatista, quietud de siglos que captó la angustia, de algún atardecer renacentista”
Es hablar de los cantos revolucionarios. Del inmenso poema lapidario “Ultraje”, dedicado a los caídos en defensa de la libertad por la intervención norteamericana en Guatemala en 1954.. De los poemas dedicados a Lumumba, a Fidel Castro o a Jaramillo. “La revolución de nuevo, cabalgará en siete leguas, y nuevamente Adelita, será gesta soldadera”
Es hablar del bohemio que convivió con artistas, músicos y poetas y que participó en la producción de cantos y zapateos que perduran como “La Flor del Maiz”, “El Platanero”, “Amor Frontereño”, “Sobre la Arena”, “Retablo”, “El Chorote”, “La Balada de la sierra” y tantas otras.
Es hablar del poeta que filosofó rimando en poemas como “Razón de Dios”, “El Hijo del Hombre”, “Gwymplaine y Dea” Y otros.
Es hablar del autodidacto, maestro en el manejo del idioma y las raíces griegas y latinas, gran polemista con letrados de la talla de Francisco J. Santamaría. Recuerdo un Censor en el que hizo pedazos un discurso del entonces Secretario de Educación Miguel A. Ceniceros, que recién había cesado al tabasqueño Andrés Iduarte como Director del Instituto Nacional de Bellas Artes, discurso dirigido a los maestros tabasqueños, y que destrozó de principio a fin con frases como esta: “no sabrá al Sr. Secretario que decir ….. es un pleonasmo”, “ No le parecería mejor al señor Ministro decir esto en vez de esto otro?”
Al hablar de mi padre, recuerdo el dolor que reflejaban sus ojos tristes, en tiempos de escasez, cuando tenía que invitar a “amigos” así entrecomillados, para que escogieran sus mejores libros, para obtener recursos para alimentar a su familia. Fueron varios los enfrentamientos con autoridades, que provocaron crisis que mi padre enfrentaba con la mayor estoicidad.
La ironía la tenía a flor de labio y en sus epigramas, bombas, pimientas de la tierra, censuras criollas. Normalmente lo pasaba a buscar a la biblioteca que existió frente a Plaza de Armas, de la que era Director, y en una ocasión nos abordó muy alterado el Lic. José María Castro Mijangos, diciéndole: “Mire usted, dejé mi cochecito estacionado frente al Museo, y este señor que se dice Carlos de América, salió con un pica hielo y me ponchó las cuatro llantas, que opina usted, Don Chema?”, a lo que mi padre respondió: “Que no es usted su tipo”.
Mi adorado viejo, jamás perdió su vocación de soñar. Se levantaba temprano a escribir. Poeta del cielo y de la tierra, fue reconocido y premiado en España. Su verso tiene la sonoridad del barro tabasqueño, el colorido y la luz eterna de su paisaje. Y no se ha ido. Está presente en nuestras vidas. Con su ejemplo, con sus enseñanzas, con su hombría de bien, con su honestidad inmaculada, o como fuente de inspiración, con la luz de su cultura, el resplandor de su talento y la chispa de su genio.