La Voz de Tabasco
Política

Crónica. “No vamos mal”, se dice al reanudarse vacunación en Centro

Luis Enrique Martínez
Rumbo Nuevo
La caravana de automóviles como la fila de peatones era interminable aún a las 15 horas. Hombres y mujeres de la brigada Correcaminos se multiplicaban para atender a los adultos mayores de 60 años de edad que salieron en solitario o acompañados, por la vacuna anticovid19 al reanudarse la campaña nacional en el municipio de Centro.
No es para presumir —combatir contra un desconocido a nadie caracteriza—, pero la experiencia personal no deja lugar a dudas: la organización, disciplina, responsabilidad y profesionalismo con la cual se aplica el biológico es difícil no reconocer. En el tiempo que dura el proceso —la frecuencia de, a lo sumo 15 minutos, aumenta con los 20 de espera para atender reacciones no esperadas que es parte del protocolo dispuesto por el Sector Salud—, concluye proclamando un estentóreo ¡felicidades! por el humanismo desplegado por los servidores públicos.
El recuento particular comienza pasadas las 9 horas con la grata solidaridad de Bertha, la compañera de hace 39 años. Ella es la primera en sospechar que la fila de automóviles que avanza a vuelta de rueda a la altura de la cancha de futbol rápido, ubicada por la puerta de ingreso de ambulancias al Estadio Olímpico, tiene que ver con la convocatoria para la reanudación este jueves de la campaña de vacunación en Villahermosa.
—Súmate a la caravana puede que lleve al módulo de vacunación—, sugiere. No han pasado minutos y un valetudinario, también al volante de un vehículo, se acerca en doble fila para preguntar si esta conducía al lugar señalado por las autoridades a través de las redes sociales. “Es lo que esperamos”, se le responde.
Si no es clara la respuesta al menos es atendida por el conductor de la camioneta que frena para, después, integrarse a la peregrinación. “Si la guía no lleva a la vacuna, al menos el número de equivocados aumenta”, se comenta.
A veces, la fluidez de avance acelera pero no tanto. Como sea, al voltear a la izquierda, aparece la cola de peatones que libran los usuarios caminantes, trotadores y corredores del óvalo de la Ciudad Deportiva. Sombreros, gorras, sombrillas, bastones, rostros arrugados, cabelleras blancas…indumentaria colorida y modas y gustos de los años 50’s o 60’s del siglo pasado, contrastan con la ropa de marca o el desaliño de la compañía. Lo único que los une es el, ahora infaltable por necesario, cubrebocas.
Del otro lado de las mallas que circundan la unidad deportiva, bajo la techumbre de las canchas de basquetbol aparecen grupos de personas sentadas. Apenas es una señal de aliento para continuar en la caravana. El desconcierto desaparece cuando, luego de pasar por el acceso a los módulos de vacunación, a pie por las canchas de voleibol, una joven surge de entre la jardinería que da al pavimento para informar sobre el protocolo a seguir.

“No vamos mal”, escucho.
A cien metros está la entrada a la Alberca Olímpica. Ahí, con alegría contagiosa, jóvencitas y adultos jóvenes con chalecos o uniformes albos del sector salud y de las instituciones que conforman las brigadas Correcaminos, continúan el proceso de información: “¿Cuántas personas se van a vacunar? ¿Por favor su identificación…?”
Una mujer con plumón en mano rotula el parabrisas y encierra en un círculo blanco el número uno. “Adelante, por favor”. Posteriormente, aparece un joven para realinear la caravana en una sola fila, pues al ingreso se había hecho en dos. De inmediato, una jovencita indaga sobre la salud del beneficiario antes de atender la convocatoria oficial. Y en seguida, también con un plumón blanco, apunta en el medallón: “09:22 horas”.
Al descubrirse ocho módulos de atención, es la oportunidad de cambiar de conductor. Hecho lo anterior, se llega a la zona de aplicación no sin antes recibir la indicación de una joven con voz infantil para que, tras recibir la vacuna, habría que esperar 20 minutos debajo de un pabellón de salida por si una reacción mayor requiriera la atención de los médicos y ambulancias disponibles a unos metros de la zona.
Ah, no faltó la recomendación de que la segunda dosis se aplicaría en 20 o 42 días. “Se le puso la Pfizer”, viene a la memoria cuando se revisa la boleta de vacunación y no aparece tal información.
—Uyyy, fue lo único que faltó—, lamenta la del volante cuando apenas han pasado menos de 35 minutos desde la incorporación a la caravana.

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