La Voz de Tabasco
Ciudad

El paisanaje

Quejarse no tiene sentido. Si así no fuera, ¿cuál sería el orgullo de esta “feraz tierra tropical”?
Y así como el calor se explica por sí mismo —quizás ahora más intenso pero la época es parte de la identidad regional—, también las obras de optimizar la infraestructura vial no carece de razones. ¿Acaso no fue así cuando Francisco J. Santamaría ordenó la pavimentación de la primera calle de Villahermosa?
Quedan testimonios documentados de la obra realizada en lo que ahora es la calle Constitución. Pruebas de que la población de la capital de Tabasco no pasaba de 200 mil habitantes a mediados del siglo pasado. También entonces hubo inconformidad ciudadana pero no tan abierta, entre muros, entre familia o amistades. ¿Qué vino después?
Para el siglo 21, en la era de la tecnología de la información, todo es diferente. No hay inconformidad sin ventilar a través de las plataformas digitales. Algunas son anónimas cuando el lenguaje zafio supera lo coloquial. No obstante, llevan el mismo sentido de aquellas aunque más ruidosas, más escandalosas. Descalificación total.
“Así es el tabasqueño”, consuelan los menos hirientes. No. Así no es una población heredera de la primera civilización de mesoamerica y, junto con los Incas, la segunda del continente Americano. La cultura Olmeca hizo del pantano la planicie donde hoy residen más de 2.5 millones de habitantes. La generación que vio nacer la lucha democrática del presidente Andrés Manuel López Obrador.
La construcción del presente no ha sido fácil. Hay quienes omiten el pasado reciente, al menos 30 años sin una inversión trascendente en Villahermosa. ¿Recuerdan al candidato presidencial que firmó ante notario la promesa de construir cuatro distribuidores viales?
De la pesadilla sexenal, México, Tabasco y su capital, en particular, registran efectos de la Cuarta Transformación de la vida pública en el país. Además de las obras emblemáticas del Gobierno Federal —Sembrando Vida y Jóvenes construyendo el futuro como programas de exportación a Centroamerica, por ejemplo—, las acciones en construcción son para el futuro inmediato. Necesarias más que prioritarias.
Y así como respirar, comer, tomar agua, vivir bajo un techo y tener acceso a la educación es una necesidad —prioridad es vestir o los ornamentos que las autoridades suelen imponer como obras necesarias en tanto que eficientar los servicios de agua potable o drenaje, lo considera una prioridad cuando esto es una necesidad antropológica—, ahora las obras de vialidad son necesarias para el desahogo del caos a las horas pico.
“¡Las molestias son temporales, los beneficios son permanentes!”, aconseja la Sotop, es decir la dependencia estatal encargada de la construcción de los distribuidores viales Universidad y Guayabal. Es la respuesta a la inconformidad de la comodidad. Esa molestia que los aspirantes a fifis manifiestan contra el calor, refugiados en Altabrisa.
“!Ah, pero eso sí! —vale parodiar al inmortal Chava Flores—, en fechas de tradición o lejos de la tierra y el agua de Carlos Pellicer, se entregan al son de Pepe del Rivero, bailando y cantando:
“Dice por ahí un consejo,
que va prendido en el viento,
si quieres llegar a viejo,
si quieres vivir contento;
si quieres ver las estrellas
más lindas del firmamento,
ven a Tabasco que ahí te espera
el sol ardiente, la luna bella,
el agua fresca y la tierra buena…”
Luis Enrique Martínez
Rumbo Nuevo

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